Un nuevo hijo y la infidelidad llegó a nuestro matrimonio

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Miguel y yo nos amábamos. Y no lo digo por quedar bien…realmente nos amábamos. Disfrutábamos de nuestra vida juntos. Hacíamos el amor constantemente a pesar de tener dos hijos. A veces nos escapábamos a la playa a embriagarnos y volver a ser dos adolescentes. Él me coqueteaba y a las tres de la tarde, antes de salir del trabajo, yo recibía un mensaje que decía “está noche serás mía”. Yo le sonreía a la pantalla del celular y pensaba en qué prenda erótica iba a usar.

Nuestros dos hijos son hermosos, Karla y Mario superaron todas las expectativas que unos padres puede tener. Eran dos niños inteligentes y bondadosos. Llenaban nuestra vida de emociones y hacían que cualquier problema se hiciera más fácil y digerible.

Y bueno… yo siempre fui feliz. Mi cuerpo no era el mejor, pero el deseo inmenso que siempre sentí de parte de mi esposo, siempre me hizo sentir bella y admirada. Con el tiempo las estrías y la celulitis pasaron a segundo plano… Claro, siempre me cuidé. Hasta hoy siempre hago ejercicio y me alimento bien. Pero antes lo hacía como para retribuirle a Miguel todo lo bien que me hacía sentir.

Él y yo nos separamos hace dos años. Fui horrible, quizá la historia más triste de mi vida. Pasé un año en terapias para lograr superar un poco lo que ocurrió.

Era un sábado caluroso y nos dirigíamos al desayuno de “los Dominguez”, pues celebraban el bautizo de su hijo. Ese día, un gran amigo nuestro llevó a su nueva novia (él cambiaba de novia todos los meses y nosotros solo nos limitábamos a saludar porque ya sabíamos lo que le pasaría). Ella se llamaba Mónica, nunca la olvidaré porque fue ella quien arruinó mi vida.

Mónica es muy bella y en ese entonces lo era mucho más. Tenía piernas contorneadas y una figura de envidia, sin embargo yo jamás me enfoqué en ver a las demás mujeres.

Pasaron unos meses y no supimos nada de Mónica, hasta que un día Miguel me contó que era la nueva proveedora de productos de la empresa donde él trabajaba. A mi realmente no me importó. Nuestra vida seguía igual de feliz y jamás pensé que tendría algo del por que preocuparme. Pero pasó lo peor.

Mónica y Miguel empezaron a frecuentarse a las pocas semanas. Yo solo noté que él iba más arreglado al trabajo y los mensajes eróticos por la tarde empezaron a desaparecer. Sin embargo, yo no hice nada, no pregunté nada y tampoco sospeché nada. Para ese entonces Mónica ya estaba embarazada de Miguel. Realmente no puedo describir el hecho de no haber sospechado nada. Incluso, me han tachado de tonta o mentirosa por no notar nada.

Un día mientras cenábamos, él rompió en llanto y me dijo: “voy a ser papá”. Quedé como una momia y no supe qué decir, mientras pensaba: “pero no estoy embarazada”. Me pare y lo abracé y le pregunté qué le pasaba, que se calmara. Él solo me dijo: “perdóname, pero ya no podemos estar juntos”. Y ahí empezó mi pesadilla.

Mi amor por él era tan grande que, incluso le dije que lo perdonaba, que no se preocupara. Él insistió que debía irse y que su lugar era con Mónica. Yo no podía competir con eso.

En ese momento también comprendí que uno no puede retener a una persona solo por amarlo demasiado. Creo que en todos esos años yo no quise conocer la naturaleza del hombre perversa de Miguel, porque desarrollé un gran sentimiento de “apego” y preferí evitar la realidad, antes que afrontarla. Pensé que él estaría ahí para siempre y también pensé que yo no era nada sin él, sin embargo me di cuenta que yo era más grande todo. Aunque el dolor de verlo ir todavía no se cura.

-Él nos quebró a los tres-

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