Ni mujer, ni abogada… simplemente humana

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Me topé hace unos días con un cliente que al verme me dijo, con todo despectivo: “¿y usted me va a defender?”. Yo como toda una profesional y humana, tenía dos respuestas claras: “Sí, claro” o “¿algún problema, machista de mierd@?”, pero claro… mi profesionalismo destacó y solo sonreí.

Mi cliente, cuyo nombre omitiré, estaba condenado a muchos años de cárcel por matar a su esposa (por celos) y él quería salir libre un poco antes, dado que por ser un gran empresario debía atender negocios. Pero… momento…. Mató a su esposa por celos. MATÓ A SU ESPOSA POR CELOS. Sí, en pleno siglo XXI.

En mi defensa, al ser parte activa de este caso, solo pensé “es por trabajo”… Me había pasado la vida defendiendo los derechos de las mujeres y ahora me tocada defender a alguien que había matado a su esposa, una mujer de 33 años que seguramente tenía un millón de sueños.

En el fondo quería perder, sin embargo, era una abogada novata que debía ganar plusvalía. Además, mi jefe me había dado la oportunidad (por primera vez) de llevar un caso importante.

En mi mente resonó la frase de Eufrosina Cruz, diputada por Oaxaca:

“Estamos en un momento de profundas transformaciones sociales que exigen una mayor sensibilidad de parte de las abogadas y los abogados, para intervenir en la solución de los grandes retos que enfrenta el país”

Al recordarla, me di cuenta que no estaba siendo sensible a mis ideales y mi cliente ni siquiera creía en mi. Sin embargo, solo pensé que para seguir necesitaba al menos una mínima muestra de respeto.

Luego de darle un discurso completo y explicarle lo que ocurriría en los próximos días… me paré y me despedí y él me dijo: “dígale a Don Carlos (mi jefe), que me mande una bogado de verdad”. Muy calmada dije: “¿perdón?”, como quien no escuchó. Replicó: “dígale a Don Carlos (mi jefe), que me mande una bogado de verdad, no una mujercita con cara de niña que solo va a causar risa”. No respondí y me fui.

Escribí todo esto solo para decir una cosa: “Ni mujer, ni abogada… soy humana”. Todos merecemos respeto y sobre todo empatía. Esto tiene que cambiar.

P.D.: Claro… no lo defendí y Don Carlos mandó a un hombre (de mi misma edad y de mis mismas capacidades).

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