“He tenido que tapar mi cuerpo para no ser acosada en mi propio trabajo”

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¿A quién no nos ha pasado que hemos sido acosadas de forma asquerosa? Tengo casi diez años de trabajar en la misma empresa, soy una muy buena mercadologa, o al menos eso me han dicho mis jefes. He sido ascendida una vez y la verdad no me quejo.  Sin embargo, atrás de todo eso hay una historia de vergüenza e inseguridad.

Recuerdo muy bien que cuando pise la empresa yo era “carne fresca” para todos los hombres solitarios que habitaban ese lugar, claro… yo era mucho más bonita de lo que soy ahora. Yo me acababa de graduar de la universidad y creía que el mundo laboral era lo más lindo del mundo. Además, me esmeraba por verme bien. Sin embargo, me bastaron tres semanas para percatarme que la vida laboral podía ser el perfecto ejemplo del infierno.

Siempre fui muy voluptuosa de mis caderas y glúteos, eso sin duda llamaba la atención de todos (hasta de las mujeres). Mientras yo me dirigía muy profesionalmente hacia la oficina de mi jefe, mis nalgas y caderas se balanceaban… Y aparentemente para mis compañeros eso era lo único que podían ver.

Yo escuchaba los murmullos y eso me hacía sentir muy mal. ¿Se imaginan una joven con un millón de sueños siendo denigrada de esa forma? Yo no sabía que hacer, en mi inmadurez me parecía de mala educación decirles algo. Ahora, con la consciencia que tengo diez años después, les hubiera dicho demasiadas cosas hirientes. Sin embargo, lo único que pensé es que era un joven nueva que debía conservar su trabajo y no molestar a nadie.

A los días, compañeros llegaban a dejarme café como “de buena voluntad” (realmente solo querían acostarse conmigo), chocolates y hasta invitaciones de almuerzo. A los años me enteré que habían hecho una apuesta para ver quién era el primero en acostarse conmigo, pero nadie ganó.

Entonces, de la nada, yo era “lo máximo” en el trabajo… Todo lo hacía bien y era casi que perfecta. Sin embargo la inseguridad empezó a anidarse en mi, solo pensaba si eran mis nalgas o mi inteligencia las que se ganaban esos agasajos. Realmente creo que un hombre no dimensiona todo el dolor que puede causar su acoso.

Evidentemente, pasadas tres semanas me armé de valor y le dije a mi jefe y a todos que estaba harta de su acoso. Yo simplemente NO quería un café, NO quería almorzar y mucho menos quería tener sexo con ellos. Todos quedaron estupefactos en esa junta. Los cobardes solo pudieron responder: “tan bonita y enojada”. Sin embargo, a pesar de su ridícula respuesta, sentí paz por haber dicho lo que sentía y jamás volvieron a dirigirme la palabra de forma innecesaria. Luego de ese suceso pensé en todas las mujeres que tristemente no pueden hacerlo. Si a mi me despedían por eso, yo no perdía nada. Pero hay mujeres que podrían perderlo todo y eso a todas luces es injusto.

Además, a pesar de sentirme “empoderada” en ese momento, yo decidí usar pantalones menos pegados y camisas más largas para tapar mis atributos, que en lugar de hacerme sentir especial, han llegado a causarme vergüenza.

Muchas mujeres me dicen que use lo que quiera, cualquier cosa que me haga sentir cómoda. Sin embargo, lastimosamente en este país machista, lo único que me hace sentir cómoda es taparme el trasero.

A mi “yo” de hace diez años le diría que nadie es superior a sus derechos de mujer.

Recuerda que ante cualquier situación desagradable debes acercarte a la jefatura de Recursos Humanos de tu empresa o incluso denunciarlo públicamente. Está comprobado que los acosadores tienen vergüenza de sus actos cuando se les descubre.

-En este mes dedicado a la mujer lo único que quiero decir es que: NO ES NO-

 

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