Así me violaron

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Yo me prometí nunca contar esta historia, pero en el día de la mujer me di cuenta que era necesario. Supe que no estaba sola y la violación no debía ser tratado como un tema tabú. A pesar de ser un tema que nos arruina a todas, también debe construirnos para ayudar a otras.

Esta historia nace hace 25 años, cuando yo tan solo tenía 7 años. Mi madre, un mujer a quien amo con toda mi alma dio a luz a una bebé hermosa a sus 18 años, esa bebé era yo. El cobarde de mi padre huyó cuando mi madre a penas tenía 3 meses de gestación, específicamente 2 semanas después de darse cuenta que la prueba de embarazo era positiva.

La historia de Carmen, mi mamá, no tardó en propagarse en su pueblo. Fue tachada de “puta” y hasta culpada por “abrir las patas”. Cómo si el sexo no fuera un bien físico del que todos necesitamos.

Pero como muchas mujeres en soledad, mi madre pensó que era importante “conseguir” un hombre que le ayudara. “Don Pedro” llegó a nuestras vidas, por desgracia, un año después de mi nacimiento. Realmente no recuerdo si él abusó de mi antes de los 7 años, pues solo desde esa edad tengo memoria.

La relación entre mi mamá y él, era buena, al menos eso creo. No recuerdo jamás verlos pelear, incluso él a veces aparecía con flores para ella. Yo en mi inocencia hasta lo llegué a querer.

Un día, mientras yo estaba en sus piernas y él me enseñaba a leer, sentí un bulto en mis nalguitas y me bajé. Obviamente yo ni siquiera imaginaba que era su pene excitado. Ese día lo recuerdo tanto porque se lo conté a mi madre como “mami, a papá Pedro le creció la pierna”. Yo estoy segura que ella no comprendió lo que pasaba, pues ahora ella me dice que pensó que se trataba de un juego.

A los meses, yo miraba como Pedro se masturbaba frente a mi. Sin embargo, nunca tuve miedo porque él no era “malo”… si se puede llamar así. Yo ni siquiera supe de qué se trataba. Esos episodios ocurrieron esporádicamente por varios años.

Pero mis pechos comenzaron a crecer y la menstruación llegó. Recuerdo que era un viernes santo, porque con los niños del pasaje estábamos emocionados por hacer la alfombra, en ese entonces era muy común hacerlas de aserrín y Pedro nos ayudó a pintarlos. Al terminar, llegué a la casa y me desnude porque no aguantaba la picazón. Esa vez ocurrió lo peor.

 

Él me dijo: “bañate y después de acostas para echarte una crema”. Yo le hice caso, al final de todo él era como mi papá y no tenía miedo. A esa hora, como a las 5 de la tarde, mi mamá ya había armado su puesto de pupusas en la esquina. Ella no se enteró de nada.

Pedro, empezó a echarme la crema. Cuando menos sentí él ya tenía su pene adentro de mi. Lloré, lo herí con mis uñas, le grité, lo odie. ¡Maldito! Le gritaba con fuerza… ¡Maldito! Le voy a contar a mi mamá.

Pedro eyaculó adentro de mi y me dijo “vos no sabes cómo esperé esto, yo no te he criado de a gratis”. En ese momento sentí una gran soledad, sentí como el mundo se caía y como mi autoestima y mi malicia de adolescente murió.

Mientras escribo esto lloro. 25 años no son suficiente para sanarlo. He ido al psicólogo y me ha ayudado, pero el dolor intenso de una persona hiriéndote quizá nunca se acaba. El dolor de mi madre también fue indescriptible. Él nos quebró a las dos.

Quiero que sepan que Pedro está en la cárcel. Refundido hasta que muera. Mi madre no me acusó y lo denunciamos. Pero, ¿se imaginan a todas esas mujeres que son señaladas? Quiero que sepan que no están solas y deben denunciar.

-Puedes denunciar al PGR en San Salvador: 2281-1021-

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